¿Cómo influye la industria alimentaria en nuestra salud?

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Muchos sabrán que junto con la industria farmacéutica, la alimentaria es una de las que más dinero mueve a lo largo y ancho del mundo. Pero lo que puede que no sepan es que esta industria alimentaria influye en gran medida en la salud de la población, pero de manera muy distinta a las farmacéuticas ya que parece, incluso, que vayan en contra de nuestra salud de forma deliberada. Y no hablamos únicamente de conservantes, colorantes o emulgentes, productos químicos con probado efecto cancerígeno sino aceites, sales y otras sustancias de las que a continuación hablaré.

Uno de los compuestos más utilizados de manera excesiva es el azúcar. Encontramos cantidades ingentes de azúcar en refrescos, galletas, lácteos, etc. La ingesta excesiva de azúcar que ocurre, sin darnos cuenta, cuando consumimos uno de estos productos, no sólo produce un aumento de peso que puede derivar en obesidad, sino que es susceptible de provocar una diabetes. De hecho, el número de niños diabéticos en EE.UU (país donde los desfases alimentarios son un emblema nacional) está en aumento. Y no sólo en Estados Unidos sino en muchos otros países que están empezando a verse influidos por sus costumbres. España entre ellos.

El problema de la diabetes no se soluciona con el hecho de usar edulcorantes no glúcidos, ya que existen múltiples estudios que parecen demostrar que el mero hecho de detectar sabores intensamente dulces produce una liberación de insulina con la consiguiente fatiga del páncreas.

En los últimos años, las enfermedades cardiovasculares se han situado en una de las causas de muerte más importantes y, en parte, se debe a los productos que consumimos. Está ampliamente distribuido el uso de aceite de palma y coco, un aceite con una capacidad muy grande de producir ateromas causantes de arterioesclerosis. Tal es el daño que produce este tipo de grasas vegetales que el gobierno intentó prohibir su uso pero las industrias ejercieron tal nivel de presión acerca de esta medida, asustados ante el incremento en los costes de producción de sus “alimentos”, que la ley no se pudo ejecutar.

Y no debemos pensar que solo los políticos ceden ante su uso a sabiendas de que es un producto terriblemente perjudicial, la Sociedad Española de Pediatría avala productos que lo contienen en cantidades ingentes. No diré marcas en particular pero solo hace falta leer los ingredientes de las galletas para encontrarlo entre sus ingredientes junto al logo de esta sociedad de pediatría que en su página web dedica una sección a comida saludable.

Además, su uso no sólo se limita a las grandes empresas que producen toneladas de bollería al año. También podemos encontrar aceite de palma en la mayoría de restaurantes, sean de comida rápida o no. De nuevo, a costa de ahorrarse unos céntimos, se decide atentar contra la salud pública (sin saberlo seguramente en este caso).

Estos son sólo unos de los múltiples productos añadidos de manera artificial, que se introducen en los alimentos que compramos y que, de eliminarse, podrían suponer no sólo la mejora de la salud de la población general, sino también un ahorro de recursos para la sanidad pública. Cosa que hoy, más que nunca, es necesaria. Por desgracia, esto solo será posible si la población conoce lo que come y opta por no consumir ciertos productos, y para ello, es esencial que nosotros, que nos formamos para asegurar la salud de todos, divulguemos sus riesgos sin dejarnos corromper por el poder económico.

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