Alcohol y fisiología humana. Capítulo 5. Qué hacer ante una intoxicación etílica

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Se aproximan fechas donde caer en consumos excesivos de alcohol en quedadas de amigos, reuniones familiares, colegas de trabajo, comidas de empresas y un largo etcétera, puede resultar, desafortunadamente, algo habitual en algunas personas, y más aún con motivo de festividades familiares y sociales de Nochebuena, Nochevieja, entrada de año y verano en hemisferio sur. Y cómo no, la probabilidad de que dichos excesos puedan derivar en intoxicaciones etílicas. Aquí os proporcionamos, en caso de ser necesario, algunos ‘tips’ para poner en práctica y saber cómo actuar cuando hay necesidad de auxiliar a alguna persona en estos momentos…

¿Qué debemos hacer en caso de que una persona esté intoxicada?

Pongamos que estás en una fiesta con tus amigos o familiares y ves que una persona empieza a tener signos de intoxicación etílica aguda. ¿Cómo actuamos en esa situación? Como prioridad, hemos de verificar el pulso y respiración, y acto seguido llamar a las unidades de emergencia (112 en la UE, 911 en la mayoría de países de América). Tras ello, colocar al individuo en posición de seguridad y aplicar el llamado ABC de la cadena de supervivencia:

A – Apertura de vía aérea con maniobra frente-mentón y mantener las vías respiratorias libres de secreciones.
B – Respiración con aporte de oxígeno.
C – Verificar la circulación manteniendo temperatura corporal.

En algunos casos habría que llegar a realizar reanimación cardiopulmonar basica (RCP).

La administración de compuestos azucarados no está contraindicada en estos casos, pero puede suceder que se atragante y se obstruya la vía respiratoria. Por ende, será mejor esperar a que lleguen los servicios de salud. Si la persona está consciente y orientada, no habría problema en que consuma azúcares.

No se debe suministrar café, sal, leche o similares. Tampoco hay que ponerle un paño húmedo en la frente o en la nuca, ya que favorecemos la hipotermia. Algunos de estos últimos tips mencionados son conocidos como los “consejos fantasma”, ya que todo el mundo “ha escuchado” que funcionan y resulta ser todo lo contrario. También es importante mantener las vías respiratorias libres de secreciones.

En el caso de que la víctima esté consciente se aconseja acompañamiento continuo por posibles síntomas de vómitos o convulsiones hasta ser valorado por los servicios de emergencia; bajo ningún concepto hemos de dejar nunca sola a la persona.

En un contexto clínico (sea en consulta o urgencias), el tratamiento son medidas de soporte e hidratacion y la supresión del alcohol. El tratamiento farmacológico se basa en fármacos tranquilizantes como benzodiazepinas (en el caso de agitación), clormetiazol y tiapride. Las dosis iniciales dependen del peso del paciente, las cantidades de alcohol ingeridas, patrón de consumo, etc. Durante dicho proceso, el paciente deberá recibir un aporte hidroelectrolítico adecuado y vitaminas del grupo B (B1+B6+B12) así como ácido fólico y hierro si fueran estos necesarios.

Los fármacos antidipsotrópicos –fármacos para impedir el consumo de alcohol- bloquean el metabolismo del alcohol en el punto de acción de la alcohol deshidrogenasa para dar lugar a intoxicación por acetaldehído caracterizada por vasodilatación generalizada, con enrojecimiento facial, cefalea, taquicardia, etc. ¿Resultado? Resaca constante. Estas particularidades ya las hablamos en el capítulo 1, donde explicábamos por qué las personas de ascendencia asiática tenían menos probabilidades de ser alcohólicos crónicos. El objetivo pues, es disuadir el consumo de alcohol sin menoscabar la libertad del paciente.

Los fármacos ‘anticraving’ reducen la intensidad de la compulsión a beber y/o a la tendencia a perder el control. Alguno de estos tienen estructura similar al GABA y actúa como potenciador del sistema GABAérgico e inhibidor del sistema NMDA-glutamato. La ‘contra’ que tiene es que sus efectos terapéuticos son escasos y su compleja posología limitan su uso clínico. Otro fármaco de la misma familia es la naltrexona, antagonista de acción prolongada sobre receptores opiáceos. El bloqueo de los mismos suprime los efectos gratificantes del alcohol lo que rompe el círculo vicioso de beber. Su efectividad aumenta cuando se acompaña de psicoterapia cognitiva-conductual. Cuando se supera la fase de “lavado de alcohol en sangre”, el paciente debe iniciar un proceso orientado a mejorar su calidad de vida, que comporta simultáneamente el abordaje de la patología médica y psicosocial existente y el aprendizaje de estrategias para mantenerse abstinente y prevenir recaídas.

Resumiendo, lo primero que se utilizará son medidas de soporte: mantener libre la vía aérea, hidratación endovenosa y administración de tiamina y piridoxina (vitaminas del complejo B) y si aparece agitación se utilizarán benzodiacepinas o tiapride. Si existe hipoglucemia, se tratará con glucosa al 50%, y mínimo una vigilancia neurológica hospitalaria de 12 horas. En casos graves de alcoholemia o hepatopatía avanzada, se valorará la hemodiálisis.

Con este capítulo llegamos al final de este resumido abordaje multidisciplinario del alcohol en la fisiología humana. No olvidéis estar siempre actualizados en Generación Elsevier para estar al día de las innovaciones en el campo de la Salud.

¡Esperemos que os haya gustado!

Referencias

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