4 pautas clave para un uso prudente de los antibióticos

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Los antibióticos son los fármacos de elección en el tratamiento de infecciones. Desde el descubrimiento de la penicilina, por Alexander Fleming en 1930, han surgido numerosos fármacos con acciones diferentes que nos permiten estar preparados para curar numerosas enfermedades.

El problema llegó hace unos años, cuando se empezó a ver que los antibióticos que usábamos para infecciones comunes dejaban de tener eficacia. Apareció el concepto de resistencia a los antimicrobianos.  Este tipo de fármacos, que a día de hoy lleva únicamente siendo utilizado menos de 100 años, incluso la mayoría mucho menos, ya que aparecieron posteriormente a la penicilina, dejan de ser eficaces.

Mañana, 18 de noviembre, se celebra el Día Europeo del Uso Prudente de Antibióticos. Lo que ha causado que sea necesario tener un día al año para recordar que no podemos abusar de estos medicamentos es el hecho de que durante años se han prescrito antibióticos sin ton ni son, muchas veces cuando no eran necesarios.

A este exceso de prescripción de antibióticos se suma que muchos pacientes no terminan el tratamiento, ya que como ven que se encuentran mejor a los pocos días de empezar a tomarlo lo abandonan pensando que ya no es necesario.

Por otra parte el uso excesivo de estos medicamentos en la cría de ganado ha sido un importante detonante en la aparición a las resistencias.

A día de hoy, enfermedades como la tuberculosis, que prácticamente se consideraba erradicada, vuelven a estar al pie del cañón. Esto se debe a que es una infección que requiere de un tratamiento largo a base de antibióticos y que si no se realiza completo provoca la aparición de bacterias resistentes que se reparten por el mundo. Esto hace difícil que encontrar nuevos antibióticos eficaces para esta enfermedad.

Infecciones que considerábamos tratables y resueltas se convierten en verdaderos problemas de salud. Esto hace que empiecen a aparecer titulares en prensa como los siguientes:

Pero a pesar de esta situación está en las manos de todos conseguir revertir este proceso, y podemos hacerlo siguiendo unas pequeñas pautas:

  1. Tomar únicamente antibióticos cuando los prescriba el médico.
  2. Completar el tratamiento como indique el médico, aunque te sientas mejor,  ya que no completarlo estimula la resistencia.
  3. No compartir los antibióticos con otras personas.
  4. Es muy importante tener claro que los antibióticos no sirven para infecciones por virus como resfriados o gripe.

Para finalizar y que todo esto quede más claro, y una forma de tener una visión más completa de esto es ver el siguiente vídeo, que en menos de 20 minutos explica a la perfección este proceso:

La resistencia antibiótica: Una amenaza oculta. Clara Ballesté

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