La vocación de ser médicos una necesidad que nace del interior

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Cuando somos estudiantes de Medicina el reloj puede correr a favor, en contra o incluso a veces da la sensación de que ni siquiera corre: por ejemplo podemos llegar temprano a una clase y esperar tranquilamente a que comience pero también podemos llegar tarde y casi ni encontrar sitio para sentarnos -y con más razón si andamos con el estrés añadido de trabajar mientras estudiamos o si nuestra casa está muy lejos de la universidad o el hospital-. Ahora imaginemos que estamos de  guardia en un hospital, día y noche en la puerta de urgencias atendiendo a los pacientes sin prácticamente descanso, pacientes que a veces da la sensación que nunca dejan de llegar. Quizá ahí estaremos en dos de las tres situaciones que planteamos al principio: que el reloj corra en contra o que dé la sensación de que el tiempo no pasa. Se podría argumentar que es una mezcla curiosa, pues nos dedicamos a lo que nos encanta, pero a un ritmo vertiginoso constante y con autoexigencia máxima sin margen de error, pues el título de médico no es otra cosa que esto: una grata y a la vez dura responsabilidad.

Me encontré con un amigo que había visto ayer justo antes de que entrara a su guardia de 24 horas; hoy nos vimos y me saludó dándome un fuerte abrazo pero con el gesto pálido, con ojeras y muerto de sueño, lo normal después de una, dos, o más guardias como ésta a la semana. Me recordó mucho a cuando yo era un poco más joven y veía a mi madre, -médico de puerta de urgencias- llegar extenuada a casa a las 10 de la mañana después de más de 24 horas de hospital.

La comparación entre el antes y el después de las guardias me hizo recordar un foto-reportaje que vi hace tiempo de Leticia Ruiz, una MIR del Hospital de San Cecilio, en Granada -España- que presentó un documental llamado “Límites”, donde fotografió  a sus compañeros y a ella misma –ver imagen- antes y después de una guardia de 24 horas con un descanso de apenas unas horas, plasmando la cruda  y larga presión a la que están sometidos los residentes en la puerta de urgencias mostrando así la cara más humana de la medicina a pesar de que sus profesionales llegan a ejercer en situaciones limites1.

Sófocles decía aquello de “El sueño es la única medicina efectiva”, y paradójico es, que justo de sueño es de lo que carecen la gran mayoría que ejercen o estudian la medicina (y sobre todo los MIR), y no hay mejor evidencia que dicho foto-documental. La falta de sueño en muchas ocasiones lleva a la depresión, y tanto es así que se calcula que el 30% de los médicos residentes la sufren2 y que incluso se evidencian aumentos en el consumo de antidepresivos y ansiolíticos, descendiendo asimismo el tiempo que disponen los estudiantes o  residentes para actividades recreativas con familiares y amigos.

Después de reflexionar sobre la exposición fotográfica, me preguntaba entre otras cosas qué es lo que lleva a una persona decidir que quiere ser médico; qué es lo que le lleva a invertir su vida en dar de forma altruista un tiempo muy preciado que podría regalárselo para él mismo y su entorno. En el sacrificio de estudiar toda la vida activa –y la no activa, ya que por algo un médico es estudiante toda su vida– hay una consigna que quizá pueda explicar la vocación de ser médico; lo que nos motiva a estudiar la medicina sabiendo la dificultad que entraña: “Estudia hoy como si fueses a vivir eternamente, vive hoy como si fueras a morir mañana”.

Es cuanto menos curioso que incluso muchos médicos aconsejan a sus pacientes o incluso a sus hijos no dedicarse a la medicina (aunque luego se sientan orgullosos de que su hijo o amigo haya terminado la carrera y ambos sean colegas), pero ¿qué mejor que encontrar inspiración o encontrar el porqué de estudiar medicina de la mano de Esculapio?: “Te verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en medio del egoísmo humano. Ni siquiera encontrarás apoyo entre los médicos, que se hacen sorda guerra por interés o por orgullo. Únicamente la conciencia de aliviar males podrá sostenerte en tus fatigas. Piensa mientras estás a tiempo; pero si indiferente a la fortuna, a los placeres de la juventud; si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un alma bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas bien pagado con la dicha de una madre, con una cara que te sonríe porque ya no padece, o con la paz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte; si ansías conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino, ¡hazte médico, hijo mío!” 3

Muchos explicamos esta decisión de sumergirnos en la medicina como el sentimiento de una necesidad interior –la verdadera vocación-, un sentimiento de gratificación personal por la entrega a nuestros semejantes; teniendo en cuenta que nuestra acción no sólo servirá para tratar o curar al enfermo sino también a mejorar la calidad de vida de toda una comunidad. Se dice pronto, pero detrás hay mucho, mucho esfuerzo.

Y a ti, ¿qué te ha llevado a formar parte de la comunidad médica?

¿Qué significa para ti ser médico?

Referencias:

1.- http://www.ideal.es/granada/20140507/mas-actualidad/cultura/medicos-humanos-201405070118.html

2.- http://www.lavanguardia.com/vida/20151228/301066447471/30-medicos-residentes-deprimidos.html

3.- https://www.grijalvo.com/Salud_medicina_Sinuhe/Consejos_de_Esculapio.htm

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