Evolución de la caligrafía de un estudiante de Medicina

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Ha llegado la hora de resignarnos. Sí, sí, porque la mala caligrafía de los médicos ya es un hecho, demostrado, constrastado y confirmado. Vamos, que no hay tutía. Nuestra caligrafía está destinada a no entenderse hagamos lo que hagamos.

Es cierto que son varias las “excusas” tras las que se justifica este fenómeno. Hay quien dice, de hecho, que puede ser herencia histórica de la época de la inquisición, en la que el miedo a ser descubiertos y culpados de curar enfermedades usando productos que iban más allá de la fe cristiana, hizo que los médicos “encriptaran” con una caligrafía ilegible la información sobre componentes, ungüentos y recetas.

Pero teorías aparte, la causa que más sentido parece tener, es la de la practicidad. Es decir, que de tanto coger de apuntes a la velocidad de la luz, la caligrafía de los estudiantes de medicina termina por deformarse. Lo que, por otra parte no es de extrañar, porque echemos cuentas: Un médico estudia una media de 11 años hasta que accede a su puesto definitivo de trabajo y después de eso sigue escribiendo más citaciones, interconsultas, fichas clínicas, derivaciones, expedientes, informes…

Suele ocurrir también, que muchos estudiantes, para ahorrar tiempo, terminan desarollando una grafía propia de abreviaturas y signos, que contribuye a la distorsión de su letra.

¿A que ahora ya se entiende mejor por qué nadie ajeno al mundo de la medicina suele ser capaz de descifrar el mensaje escrito de un médico, pero entre nosotros nos entendemos perfectamente?

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