DIARIO DE UN MIR (Episodio II: Si una rana padece una enfermedad autoinmune… ¿Tiene ANCAS?)

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Houston, han pasado tres meses y medio. Seguimos vivos, repito: seguimos vivos. Superado el verano y septiembre, el panorama comienza a ser algo diferente a cómo os lo contaba en la primera entrega de esta serie (blanca o mieloide, LAM, gingivorragias). La mayoría de asignaturas están estudiadas y las segundas vueltas empiezan a vislumbrar su fin.

Quizá una de las cosas más relevantes haya sido la convocatoria del examen MIR 2017 desde el Ministerio, fechando el examen y convirtiendo el 28 de enero en el día M. Aunque sabíamos de sobra el rango de fechas del examen, cuando al fin lo tienes marcado en rojo y se materializa virtualmente el fin del camino, es como que todo se vuelve más “real” (dejando de lado las ideaciones paranoides, más de la esquizofrenia típica). Una vez que has rellenado los papeles, pagado las tasas y formalizado tu matrícula MIR, eres más consciente de dónde estás y de lo poco que queda.

Conforme avanza el tiempo sabes que el estudio puro tiene su límite, y los factores de estrés, repaso y técnica de examen ganan peso. Es más que seguro que las primeras asignaturas se olvidan, y no recordar el antiarrítmico de la taquicardia tan fea del electro del simulacro se convierte en un auténtico drama. Acidosis respiratorias de lado, el cerebro se ve invadido por un componente mir que desplaza al resto de las funciones normales (¿cerebroptisis? ¿Neuronas en forma de lágrima?)

Este punto es intermedio. Durante el verano y septiembre aún hay margen para un hedonismo muy ponderado, pero se empieza a palpar una cierta tensión en el ambiente. Algunos de tus compañeros empiezan a “alargar una horilla” el día de estudio, o “dan un repasillo” los domingos por la mañana. Tranquilos, es pronto para que cunda el pánico. Aunque una correcta entrevista clínica estructurada es la mejor herramienta para el diagnóstico precoz del brote.

Lo importante aquí es terminar el trabajo de segunda vuelta y afianzar muy bien los conceptos esenciales, sin permitir que el estrés te comience a dominar. ¿Recordáis el “Síndrome del estudiante de Medicina”? Bueno, pues que sepáis que son tan solo los pródromos del “Síndrome del estudiante MIR”. ¿No me creéis? Yo ya me he diagnosticado un síndrome mononucleósico, acalasia, neurinoma del acústico, úlcera duodenal y estoy en proceso de colon irritable.

Afortunadamente, y como podéis comprobar de sobra por la redacción de este artículo, no he dejado que estudiar el MIR me obsesione en exceso.

Mi consejo fundamental para esta “segunda fase” del estudio: perseverar, perseverar y perseverar. Aunque a veces parezca que no lo estás haciendo bien, aunque ese simulacro haya hundido tu ánimo, aunque olvides cosas repetidamente… todo llega. Y miles de opositores han pasado lo mismo que tú e igualmente han obtenido su plaza y resultados más que buenos. Ya os contarán historias, las hay a miles.

No descuidéis la higiene mental, aún es pronto para brotar. Yo lo reservaría para diciembre y en adelante. No olvidéis usar sabiamente el tiempo libre que aún os quede y despejar la cabeza de vez en cuando. (y disfrutar estudiando psiquiatría ayuda a ello, creedme).

Mucho ánimo que los que me acompañáis en este camino, y a los que estáis por llegar también.

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