Catálogo de patologías bibliotecarias. Parte 2

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Las bibliotecas dan para mucho y por este motivo, podemos hacer una segunda entrega de las patologías que se pueden encontrar en este ambiente. Si no te reconociste en Catalogo de patologías bibliotecarías parte 1.

El Búho hipertiroideo:

Su cuello tiene una octava vértebra cervical que permite una extensión extra, sus ojos reflejan un tiroides en plena campaña electoral y jurarías que esa cabeza gira 270º. Estamos señoras y señores ante un futuro integrante de radiopatio, el cotilleo es su hobby, su pasión y su frenesí. Por como mira tus apuntes parece que fueses el guardián de los secretos del universo. Ha desarrollado la capacidad para leer del revés y tiene un sexto sentido para adivinar tu carrera, curso y temario de examen. Una advertencia, si en un brote de ansiedad pensáis que gritándole el nombre de la asignatura os libraréis de él, no lo hagáis, en serio, os mirará con cara de loco (él y el resto de la biblioteca).

El Narcolépsico:

En plena época de exámenes duermes poco y mal. Tu cuerpo se ha inmunizado a la cafeína y la hora de la siesta la pasas (¿cómo no?) estudiando. Y de repente empiezas a notar la bajada de tensión, la silla ya no te parece tan incómoda, las luces ya no te molestan tanto y tu reflejo del parpadeo pasa a ser consciente: lo de bajarlos lo llevas muy bien porque vas a favor de la gravedad, pero subirlos ya es otro tema. Y como tú, media biblioteca. Los narcolépsicos florecen especialmente en periodo postprandial y a no ser que ronquen, dejad a los pobres angelitos echar una cabezadita tranquilos, os lo agradecerán.

El EPOC:

Por los síntomas dudas si es neumonía cavitada, gripe A, fibrosis quística o EPOC. ¡Una placa de tórax para ese pobre hombre ya! Este espécimen es un íncubo de virus, bacterias y priones que en lugar de quedarse en casita comiendo sopa de pollo en el sofá, decide en un arrebato de solidaridad venir a la biblioteca para esparcir al resto de compañeros sus gérmenes. Te lo puedes encontrar en diferentes versiones: con una rinorrea que haría palidecer a las cataratas del Niagra, empeñado en agotar las existencias de pañuelos de la ciudad o con más estornudos que un alérgico perdido en un jardín botánico. ¿Es demasiado joven para haber inhalado carbón verdad? Pero si hay una subespecie insoportable en este grupo es el aspirador: se ha quedado sin pañuelos o lo que es peor, los tiene pero no los usa. En su lugar sorbe, sorbe y vuelve a sorber. Cada cinco segundos coge complejo de aspirador e inhala como si se le saliese LCR por la nariz. Si estas en época navideña, pueden unirse unos a otros y darte un concierto de síntomas respiratorios que harán que valores la neumología o la otorrino como tu futura especialidad.

El Neurinoma acústico:

Tú con tapones en los oídos y él con cascos….y aun así escuchas la música. No me malinterpretéis, soy una fiel defensora del estudio con música, pero hay volúmenes a los que es imposible que tus neuronas funcionen, y lo que es peor, las de tus compañeros tampoco. Si no lo conoces, no hay forma decente de decirle que por favor baje un poco a Beyoncé. Lo mirarás fijamente, queriendo trasmitirle por telepatía tu petición, pero lo más probable es que se piense que estás haciendo contacto visual en un intento de ligar con él. De aquí en a delante y que se os quede grabado a fuego en la cabeza: mucho cuidado con hacer contacto visual en las bibliotecas, la gente tiene cosas muy raras en la cabeza.

El Anósmico:

De acuerdo, a la biblioteca se va a estudiar, el aspecto es secundario y en época de exámenes todavía más, pero todo tiene un límite. De un ruido te puedes intentar aislar pero de un olor no hay manera. Una ducha al día: quince minutos para que tu cuerpo no desarrolle hidrofobia y el resto de los presentes podamos inhalar oxígeno sin tener reflejos vagales ¿es tanto pedir? Que no te quieres afeitar, no pasa nada, ahora se lleva el look hipster; que no te quieres lavar el pelo asiduamente, pues para algo inventaron las trenzas; que ha pasado tanto tiempo desde la última vez que te depilaste que temes convertirte en mujer lobo en la próxima luna llena, sin problemas, el vello corporal abriga y es un método de protección ante las distracciones sexuales en época de exámenes. Pero una ducha diaria señores es básica. Y no, el desodorante no la sustituye.

El Ciberadicto:

Don o doña trending topic no deja pasar la oportunidad de hacer varias fotos a sus apuntes y su café en una distribución estratégicamente desordenada cada vez que acude la biblioteca. Le tomará como poco una hora entre que elige el plano apropiado, selecciona la foto más adecuada, aplica los filtros necesarios, la cuelga en diferentes redes sociales y contesta a los comentarios. La regla de oro con ellos es la siguiente: el tiempo que pasan pegados al móvil es indirectamente proporcional a lo cerca que esté el examen.

El Suicida desfenestrado:

Este espécimen es una mezcla entre Pedro Piqueras y un maya en 2012. Su nivel de ansiedad cuadra más con el fin del mundo que con un examen. Para estos personajes es equivalente, sus valores de estrés rozan niveles preapocalípticos conforme se acerca la fecha del examen. Si son tus amigos te tocará soportar su tortura durante todo el periodo de finales, tranquilizarlos y alejarlos de la cafeína. Al parecer para ellos el repaso número 23 del temario no garantiza su tranquilidad completa. Irónicamente acaban sacando una nota considerablemente superior a la tuya, pese a supuestamente no tener idea de nada. En este punto te plantearás seriamente (si no se han suicidados ellos antes) tirarlos tú mismo por la ventana.

El Creyente homeópata:

Llega tranquilamente, deja los apuntes y se va. Cuando horas después reaparece, es para hacer cualquier cosa menos estudiar. Puede ser una combinación de las patologías anteriores o desarrollar un estilo propio, son una caja de sorpresas. Lo que no te cabe duda es que si espera sacar un 5 en el examen más le vale encomendarse a la Virgen del Pilar, de la Santísima Macarena y al Cristo del Gran Poder… y en algunos casos bien podría ir peregrinando a Lourdes, porque si aprueba se considera milagro.

Y la lista podría seguir páginas y páginas pero con estos ejemplos ya os hacéis una idea aproximada de qué esperar cuando os aventuráis a estudiar en estos lugares. Solo un último apunte a título personal: tened paciencia. Después de seis años de carrera he pasado muchas horas en las bibliotecas y lo confieso, yo misma he sido un espécimen insoportable: he comido golosinas hasta que mi páncreas ha protestado, he curioseado apuntes ajenos, se me han cerrado los ojos a deshoras, he derramado el café encima de la mesa, me han chistado, he ligado, he aprendido a girar el bolígrafo a costa de muchos intentos fallidos y he hecho cosas que no estoy dispuesta a confesar en público, pero que el resto de mis compañeros de estudio han tenido que soportar. Al final hasta les coges cariño y supongo que ellos también me lo han cogido a mí porque nadie hasta la fecha nadie me ha desfenestrado. Todavía.

¿Y vosotros? ¿Qué habéis tenido que soportar en una biblioteca?

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