Los peligros de la automedicación

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“No, tome mejor esta pastilla para el dolor de garganta que lleva antibióticos”, “No lo tiene prescrito, pero si paga el importe total, se lo puedo dar”, “Doctor, ayer fui a la farmacia y saqué las medicinas pero como ya no me quedaban más en la tarjeta, vengo a que me las recete para que el de la farmacia me devuelva el dinero”.

Escribo desde la impotencia y desazón que me causa ir a la farmacia día sí y día también y encontrarme siempre la misma cantinela: gente que acude a la farmacia y, o bien compran medicamentos que requieren prescripción médica o bien el farmacéutico comete aberraciones.

La primera vez que me quedé a cuadros recapacitando lo que había oído y con la conversación retumbando en mis oídos fue cuando una señora entró en la farmacia de al lado del hospital en el que estudio pidiendo lizipaina. Aquella farmacéutica (porque sí, en este caso era farmacéutica) le preguntó que para qué lo quería a lo que la señora respondió que porque le dolía la garganta. Fue entonces cuando llegó la frase demoledora: “no, tome mejor esta pastilla para el dolor de garganta que lleva antibióticos”.

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No volví a ir a esa farmacia, por muy cerca que me pillase.

La siguiente barbaridad sucedió mientras estaba en la cola de la farmacia para ser atendida. La chica que tenía delante pidió una caja de anticonceptivos. En este caso, la persona que despachaba era Técnico en Farmacia y tras comprobar que la chica no tenía prescrito por su médico dicho medicamento le dijo: “No lo tiene prescrito, pero si paga el importe total, se lo puedo dar”.

Pues muy bien, oiga (nótese la ironía). No son chucherías. Existen contraindicaciones absolutasque son bastante frecuentes en la población. Además, en este caso puede que la planificación familiar de la consulta que se está evitando o el control por el Médico de Atención Primaria (MAP) que se está saltando sean muy necesarios.

Y la parte que nos toca más de cerca a los futuros profesionales y profesionales de la salud: la educación y prevención primaria en las consultas y en el día a día con los pacientes. Lo digo por esos pacientes, crónicos y agudos que se presentan en las consultas tras haber “hecho la compra” en la farmacia y que van a su MAP o especialista para que les receten lo que ya han comprado en la farmacia o lo que el médico de la sanidad privada les ha recetado.

Pues eso: sírvase usted mismo. A gusto del consumidor y sin ningún control. Y es que tristemente, la sociedad de hoy en día se rige por los mismos derroteros en todos los ámbitos de la vida.

Vuelve a nosotros cordura: al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Marta Roca Gutiérrez

Universidad de Sevilla, 6º de Grado en Medicina

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