Troncalidad: garantías de éxito

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Un 5 de abril se firmó el Tratado de Basilea, Winston Churchill renunció como primer ministro inglés, nació Akira Toriyama, murieron Vicente Ferrer y Kurt Cobain; y en un mes, se defenderá un rechazo completo a la propuesta actual de troncalidad para la formación de médicos internos residentes. Y entre mis conocidos ajenos al mundo médico surgen preguntas variadas, pero todas ellas con el mismo fondo: ¿pero eso de la troncalidad no viene ya de lejos? ¿No se aplica ya en otros países? ¿No será mejor que el modelo actual?

Mi respuesta es clara: “Podría ser un modelo sólido y positivo, pero no así. Si seguimos por aquí va a acabar pasando como con Bolonia, se nos presentará una oportunidad fantástica para cambiar el modelo y hacerlo evolucionar para bien, pero perderemos la oportunidad si no lo hacemos como debemos y cuando debamos.”

Con Bolonia todo el mundo ha visto lo que ha pasado, ha sido un despropósito; no podemos dejar que nos pase lo mismo con la troncalidad. La clave entre otras cosas está en comprender por una parte la situación actual, que no es precisamente idónea para afrontar un cambio tan potente y drástico respecto al modelo actual y por otra la falta de consenso y dudas no resueltas.

Plantear este tipo de cambios de modelo requiere, por una parte entender la idiosincrasia de nuestro sistema sanitario actual (y el de nuestros 17 modelos sanitarios autonómicos) y por otra saber que intentar algo así en un momento tan delicado como el que atraviesa la sanidad en estos momentos puede llevar al traste con todo y dar lugar a un colapso del sistema. Este punto también puede ser analizado desde las expectativas de la sanidad privada, que se frotaría las manos de colapsarse el sistema sanitario público.

La pregunta a plantearse es, como diría Mourinho: “¿Por qué?” Tras tantos años con unas situaciones tremendamente más propicias para poder siquiera analizar la propuesta de un cambio del sistema de formación de la sanidad especializada, ¿por qué surgen ahora las prisas para iniciar el cambio? “¿Por qué?”. Yo a esta pregunta no le veo solución, la intuyo, incluso la huelo, pero no voy a sucumbir a la especulación.

Otro problema es la falta de consenso; con las distintas sociedades y asociaciones de las diferentes especialidades (que por ende intentan proteger al menos las competencias que ellos consideran fundamentales) y con el estudiantado directamente, a través del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina, el cual ha mostrado su rechazo al actual borrador.

El último punto que quiero comentar es el nivel de incertidumbre que desprende el último borrador. Hay muchas lagunas y preguntas que no resuelven y dejan en la estacada al lector. Tal vez sea por eso precisamente, por tratarse de un borrador; pero yo al menos he de decir que hablando de un borrador que supone ya una auténtica amenaza de parto prematuro de la troncalidad esperaba bastante más y es ello, en gran parte, por lo que apoyo incondicionalmente la crítica completa al mismo. Troncalidad sí, pero en su momento, cuando éste llegue, sin prisas, con calidad, bien planificada y estructurada, con todo el apoyo y consenso por parte de las distintas sociedades científicas y por supuesto del colectivo de estudiantes de grado, sin dudas para los opositores MIR, es decir: CON GARANTÍAS DE EXITO.

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