Linfomas malignos: regiones linfáticas- diagnóstico- estudio y clasificación

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Volvemos a apoyarnos en el tratado Farreras-Rozman. Medicina Interna, y en su nueva edición, la 19ª, para abordar un tema de especial interés: los lonfomas malignos. A través de la infografía (arriba) y los apuntes de esta obra emblemática repasamos las regiones linfáticas, el diagnóstico, y su estudio y clasificación.

Muchos linfomas comparten aspectos de presentación clínica, pronóstico y tratamiento. Con respecto a la primera, la afección ganglionar es el dato clínico más característico. En realidad, la aproximación diagnóstica, el estudio, de extensión, los numerosos factores pronósticos y, por el momento, muchas armas terapéuticas son comunes a todos ellos.

Con respecto a la presentación clínica, la afección ganglionar es el dato más característico. En este sentido, resulta de interés conocer las principales regiones linfáticas del organismo que os detallamos en la infografía. La presencia, tamaño y distribución de las adenopatías varían notablemente de un tipo de linfoma a otro: adenopatías generalizadas y simétricas, con una larga historia previa, en los linfomas indolentes, y localizadas y de aparición reciente en los linfomas agresivos. La presencia de masas adenopáticas de gran tamaño debe reseñarse siempre, ya que se trata de un parámetro de mal pronóstico.

Diagnóstico

El diagnóstico de un linfoma debe ser siempre histológico. Siempre que resulte posible hay que tomar muestras de una adenopatía, ya que el ganglio linfático es el origen del linfoma y es en la adenopatía donde se realizará con mayor seguridad tanto el diagnóstico de linfoma como la caracterización detallada del mismo.

Estudio de extensión

Como en cualquier enfermedad neoplásica, el pronóstico y el tratamiento del paciente dependen en gran medida de la extensión del linfoma. En la infografía os detallamos las exploraciones que deben realizarse por norma general.

El grado de extensión de la enfermedad se valora tradicionalmente mediante la clasificación de Ann Arbor, elaborada en un principio para el linfoma de Hodgkin y aplicada posteriormente a todos los linfomas.

Tratamiento

El tratamiento varía según el tipo histológico de linfoma y su extensión. El tratamiento de la mayoría de linfomas se basa en el empleo de la quimoterapia o inmunoquimioterapia, que consiste en la combinación de quimioterapia con AcMo. La radioterapia puede ser útil en formas localizadas de la enfermedad y como tratamiento complementario.

El pronóstico depende en gran medida del grado de respuesta alcanzado. Ello es cierto sobre todo en los linfomas agresivos, mientras que en los linfomas indolentes la persistencia de enfermedad tras el tratamiento, aunque ensombrece el pronóstico, no es necesariamente incompatible con una supervivencia prolongada.

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