Trastornos digestivos. Malabsorción: causas y consecuencias

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Esta mes sale a la venta la sexta edición de Bioquímica clínica. Texto y atlas en color, un título que a través diferentes "unidades de aprendizaje" presenta de forma clara y concisa los aspectos fundamentales de la bioquímica clínica. Esta nueva entrega ha examinado y actualizado todos sus temas para reflejar los avances más recientes y la mejor práctica clínica. Nosotros nos hemos detenido en los trastornos digestivos, unas patologías que afectan al 20% de la población, y más concretamente, en la malabsorción.

Fisiología de la digestión

Al cocinar la comida, se eliminan las bacterias y otros patógenos, se neutralizan toxinas (p. ej., las de ciertas habas) y se desnaturalizan los alimentos. La masticación rompe los alimentos, aumentando así la superficie y facilitando, por tanto, la digestión enzimática. Los nutrientes principales (hidratos de carbono, proteínas y grasas) se degradan mediante enzimas a compuestos de bajo peso molecular. Las glándulas salivales, el estómago, el intestino delgado y el páncreas secretan las enzimas digestivas. La absorción se refiere al transporte de los productos de la digestión a las células epiteliales del intestino y de aquí a la sangre portal. La absorción de algunos nutrientes es pasiva, mientras que otros requieren transporte activo dependiente de energía.

La malabsorción

El término malabsorción describe la alteración de los mecanismos de absorción, pero en la práctica abarca también la insuficiencia de la digestión (maldigestión). La malabsorción puede aparecer en cualquier momento de la vida por distintas causas. Los efectos clínicos de la malabsorción derivan de la incapacidad de absorber los nutrientes. Las consecuencias fundamentales de la malabsorción generalizada se deben a la ingesta inadecuada de calorías, que da lugar a pérdida de peso en los adultos y a retraso del crecimiento en los niños («fallo de medro»).

Ante la sospecha de malabsorción, es esencial obtener una historia dietética detallada para establecer las pautas y los hábitos de alimentación. Siempre que la ingesta dietética sea adecuada, la presencia de malabsorción suele estar indicada por diarrea y cambios en el aspecto y la consistencia de las heces. La infografía (arriba) muestra cómo la estructura de la mucosa normal permite maximizar la capacidad de absorción. Aunque las enzimas de la superficie mucosa son importantes en la digestión, la fuente principal de enzimas digestivas es el páncreas exocrino. Al igual que sucede con muchos otros órganos, la capacidad de reserva del intestino delgado y del páncreas exocrino supera el 50%. Así pues, los trastornos de estos órganos suelen estar bastante avanzados antes de que sea posible detectar la malabsorción mediante pruebas funcionales o se manifieste clínicamente. Como resultado, ha disminuido la importancia de las pruebas funcionales de malabsorción y estas han sido abandonadas en gran medida.

La endoscopia y la biopsia son las herramientas más importantes en el estudio de los trastornos digestivos. Permiten el examen macroscópico y microscópico del intestino. Las pruebas radiológicas son importantes cuando se detectan alteraciones anatómicas del intestino y de la motilidad.

En el caso de malabsorción de grasas, las heces contendrán grasa. Esto se puede detectar mediante el examen microscópico de las heces, aunque actualmente casi nunca se realizan análisis cuantitativos de grasa en heces. Cuando ciertas moléculas pequeñas como monosacáridos o disacáridos no se absorben, ejercen un efecto osmótico en el intestino grueso y dan lugar a un gran volumen de heces líquidas.  El abuso de laxantes es un diagnóstico importante que en ocasiones se pasa por alto. En caso de sospecha, puede realizarse una búsqueda de uso abusivo de laxantes en orina.

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