Artículo científico: 6 claves para moverlo en redes sociales

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El “protocolo tradicional” (envío a editoriales, revisión por pares y demás) al que habitualmente se ajusta todo el proceso implicado en la publicación de un artículo científico (paper) también ha sucumbido a la “nueva realidad” que ha venido de la mano del mundo online y, sobre todo, de la irrupción de las redes sociales como escenario divulgativo cada vez más presente en los usos y modos del ámbito académico y científico.

Actualmente se abren nuevas opciones, más allá de la estándar de publicar en una revista científica o especializada, para dar a conocer el resultado de una investigación y, también, para compartir experiencias y testar en tiempo real el interés que ésta suscita ya no sólo en el ámbito al que se adscribe el tema en cuestión sino, cada vez más, entre el público en general.

Si ya de por sí el “mundo redes” puede resultar complejo para los no iniciados, cuando se trata de divulgar contenido científico hay, si cabe, que “hilar más fino”. Aunque no existen directrices ni posicionamientos “universales” a los que atenerse a la hora de mover un trabajo de investigación en estas plataformas, las principales editoriales y revistas ya están elaborando pautas y consejos para orientar a sus autores al respecto. Y, de la misma manera, cuestiones sobre cómo aprovechar esta vía para generar interés en torno a un paper, si se puede “desvelar” o no el contenido de una investigación en proceso de publicación en una revista o el manejo de los followers o seguidores están cada vez más presentes en los foros expertos.

Todas esas recomendaciones y consejos permiten ir definiendo cuáles son los aspectos más relevantes que hay que valorar y conocer a la hora de dar difusión a un trabajo científico, las cuales conviene tener en cuenta antes de ponerse a compartirlo o aludir a su contenido en las redes:

1-Presencia online (o “perfil digital”): un valor al alza en el ámbito científico. En el artículo “Redes sociales para científicos”, los editores de Nature Cell Biology recogen las evidencias de algunos estudios y encuestas recientes dirigidos a valorar el papel de las redes sociales y la presencia online en la actividad científica actual, comentando que, por ejemplo, el 47% de los científicos conectados con la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS) usan las redes sociales para acceder a nuevos hallazgos e intercambiar opiniones sobre cuestiones científicas. Otro dato ilustrativo es el arrojado por otra encuesta, que identifica a ResearchGate, LinkedIn, Facebook Twitter y Academia.edu como los sitios más visitados por los científicos, de lo que se desprende la potencial repercusión de los contenidos que se publican en estas plataformas.

2-¿Qué red elegir? Básicamente, hay dos tipos de redes sociales en las que tiene cabida el contenido científico: académicas y generalistas. Las académicas o científicas “son plataformas basadas en la comunicación entre pares. Su endogamia es su principal ventaja, mientras que su principal defecto es que no están destinadas a la divulgación”, tal y como se explica en el documento “La Comunidad Científica ante las Redes Sociales. Guía de Actuación para Divulgar Ciencia a través de ellas”, editado recientemente por la Universidad Complutense, de Madrid.  Según esta Guía, las más destacadas son ResearchGate, Academia.edu o DivulgaRed. En cuanto a las generalistas, Twitter, Facebook, LikedIn, Instagram y Youtube copan el sector y, además, son con diferencia las que tienen mayor repercusión.

Se puede tener perfil en todas las redes, así que la cuestión es elegir cuál puede dar más visibilidad al trabajo en cuestión. Es difícil generalizar, pero el análisis que ha realizado la revista Nature, a través de una infografía, en su blog para autores arroja datos interesantes que pueden ayudar en la elección:

  • LinkedIn: Un 41% de los científicos visitan regularmente esta red, siendo su principal ventaja la de permitir conectar con otros profesionales.
  • Twitter: Es la preferida por un 13% de los científicos, que la usan principalmente para participar en debates y publicar contenido relacionado con la actividad laboral/científica.
  • Facebook: Si bien es utilizada por el 38% de los científicos, en este caso lo hacen con fines no profesionales, aunque ofrece la posibilidad de crear y gestionar una página específica para dar a conocer las publicaciones o la actividad científica que se lleva a cabo.

3-Guía exprés para “estar en redes”. Aunque pueda parecer que todo el mundo está “en la red”, todavía hay muchas personas que por reticencias, por falta de interés o, simplemente, por desconocimiento, no disponen de un perfil en ninguno de estos foros virtuales. Para hacerlo, basta con registrarse (cada red tiene su procedimiento, pero son todos muy similares) y, una vez completado el proceso, ya se puede interactuar, algo fundamental, ya que, una vez que se opta por las redes sociales, es importante no permanecer estático, sino generar contenido de forma más o menos regular, especialmente cuándo el principal objetivo sea la divulgación.

En este sentido, las recomendaciones de organismos como la AAAS van en la línea de que, si bien no es imprescindible que los investigadores tengan presencia en las redes sociales, una vez que se deciden a participar, es importante que tengan claro qué es lo que les gustaría lograr de sus interacciones, así como decidir qué plataforma le resulta más útil para este propósito en cada momento. “Asimismo, es aconsejable crear cuentas profesionales y privadas de forma separada, para así diferenciar y mantener un buen equilibrio entre ambos ámbitos”, añaden.

4-Claves de un contenido “que enganche”. Basta con ser usuario de Twitter para comprobar la cantidad de interacciones relacionadas con la ciencia que se llevan a cabo en esta red, percepción compartida por los autores de la Guía de la Complutense, quienes aluden a la rapidez/inmediatez que ofrece como la principal razón de que sea la red social preferida por muchos autores para dar a conocer su publicación y, también, para interactuar y comprobar el nivel de aceptación.

Tanto para sacar todo el partido a las posibilidades que ofrece Twitter como para manejar los “códigos” que rigen la presencia en redes sociales en general, la Guía de la Universidad Complutense incorpora un decálogo en el que se incluyen aspectos clave como la planificación de contenidos y la dedicación (una red “inactiva” sirve de poco); responder siempre a los comentarios o menciones y vigilar la verificación de los contenidos que se comparten, entre otros. En el caso concreto de los mensajes que se refieren a la labor científica o a una publicación, los autores de esta Guía hacen hincapié en la necesidad de comunicar el contenido científico en redes de forma comprensible, atractiva, con un arranque que consiga que la gente se fije en él, y dan algunos consejos para conseguirlo: “Cuenta anécdotas, algo de historia, el contexto que permita entenderlo, sus aplicaciones, actuales o futuras (pero sin generar expectativas falsas), sin olvidar incluir imágenes, links (fundamental, el de acceso al paper o a su abstract), así como citar a quienes pueden estar especialmente interesados en ese tema o en ese ámbito de actividad”.

5-Permisos, embargos y otras cuestiones implicadas en la divulgación de un paper. ¿Qué tipo de contenidos científicos se deben publicar en las redes sociales? Los expertos de la Universidad Complutense recomiendan la difusión de todos aquellos eventos de divulgación en los que se participe o estén relacionados con la línea de investigación; efemérides o Días Mundiales que tengan que ver con el área en la que se está trabajando; noticias relevantes que tengan como fuente la entidad universitaria o de investigación a la que se pertenece y, sobre todo “la reciente publicación de artículos científicos que recojan los resultados de tus últimas investigaciones, cuando el embargo por parte de la revista haya finalizado”. Este último matiz es en la práctica una de las cosas más importantes a tener en cuenta al divulgar en ciencia, ya que si el artículo ha sido admitido para su publicación en una revista, hay que respetar la política que cada publicación tiene al respecto, y en la que se incluye el tiempo que hay que esperar o “de embargo” hasta que el autor pueda divulgar los contenidos de la misma. En este sentido, cada vez es más frecuente que estas normas se incluyan pautas relativas a la referencia o comunicación de esos contenidos en redes sociales, que son más o menos permisivas según la publicación en cuestión (todas ellas están especificadas en las páginas webs de cada medio o institución)

Además de los “permisos editoriales”, también hay que tener en cuenta otros aspectos como las normas y pautas que los organismos e instituciones en los que se realizan las investigaciones establecen sobre la difusión de contenidos en redes sociales y, por supuesto, cumplirlas. Así lo explica Veronika Cheplygina, investigadora del departamento de Ingeniería Biomédica de la Universidad Tecnológica de Eindhoven (Holanda) en su artículo “Diez reglas simples para iniciarse en Twitter como científico”, donde pone algunos ejemplos de las políticas de los centros al respecto. En el caso de la Universidad de Stanford, ha definido unas pautas a seguir para las comunicaciones universitarias en redes en las que se incluyen aspectos como no usar la identidad de la universidad (nombre, color, emblemas) sin permiso o no crear ni desarrollar cuentas de redes sociales, perfiles o iniciativas que lleven el nombre de la Universidad de Stanford sin especificar la escuela, unidad o departamento al que se pertenece, y previa aprobación por parte del director de comunicaciones de la organización o departamento correspondiente. Por su parte, la Universidad de Leiden, contempla la posibilidad de solicitar a los autores que incluyan en sus comentarios en redes relativos a su trabajo en este centro un descargo de responsabilidad de la Universidad o que especifiquen que las opiniones son personales, desvinculándose del centro.

6-Testar y monitorizar el impacto. Tan importante como “mover” el paper en las redes sociales es hacer un seguimiento de las reacciones, comentarios y demás manifestaciones que produce y de las que se puede extraer una idea bastante fiable del interés que suscita ese campo de investigación y la publicación en sí misma.

Los expertos en redes coinciden en que la medición de la repercusión en redes, conocidas como altmetrías o métricas alternativas, están en cierta medida sustituyendo al factor de impacto que tradicionalmente ha sido el indicador más consultado por los autores para testar el interés generado por su trabajo.

Asimismo, es importante controlar el tipo de personas o instituciones que muestran interés por la publicación. Tal y como se explica en la Guía de la Universidad Complutense, “si somos comunicadores científicos tendremos que saber qué tipos de cuentas y usuarios queremos que interactúen con nosotros. Siempre será mejor que comparta nuestro contenido alguien de nuestro campo de trabajo. A veces los aspectos cualitativos son más importantes que los cuantitativos (número de seguidores)”.

Cada red tiene sus propios sistemas para monitorizar este impacto y, además, los autores la Guía recomiendan complementar esta información con la de otras aplicaciones, webs y herramientas que permiten controlar la audiencia, como TweetReach, Social Mention, Hootsuite, Google Alerts y Google Analytics, entre otras.

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