La búsqueda de artículos científicos: consejos y herramientas clave

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Somos muchos los que hemos olvidado gran parte de lo que aprendimos en primero. Nos acordamos de lo más básico, necesario para contestar a algún profesor que presume de acordarse de todo aun habiendo pasado más de 30 años desde que terminó la carrera, pero sí que hay algo que no nos hemos permitido poder olvidar: el uso de Pubmed.

Quién diría que, habiendo pasado ya unos cuantos años, esas tediosas tardes en el aula de informática aún seguirían dando sus frutos: aprendimos a buscar artículos de todo tipo, que si meta-análisis, revisiones, ensayos… y nos hartamos a unir palabras usando AND, OR u otros monosílabos. Y así seguimos; porque en Medicina (sobre todo los de Grado), aparte de exámenes y prácticas, si hay algo a lo que toca dedicarle tiempo es a hacer trabajos, los cuales generalmente tienen que basarse en estos artículos.

Con los años, hemos aprendido a usar este buscador con cierta facilidad, sabiendo manejar los diferentes filtros de los que dispone, para poder así cumplir con los criterios que nos indican los profesores acerca de los artículos con los que debemos trabajar: fecha de publicación, impacto y un sinfín de posibilidades. Aun así, a veces no somos todo lo precisos que deberíamos, porque da pereza o porque no nos queremos quedar con un solo artículo cuando nos piden un mínimo de seis, y al relajar nuestras “exigencias”, es cuando podemos dar con artículos que realmente pueden llegar a sorprendernos.

Eso sí, un artículo puede sorprendernos de muchas maneras: por ser inspirador y hacernos parar a pensar en algo a lo que nunca habíamos prestado mucha atención, revelarnos nuevas formas de tratamiento o diagnóstico que hacen que uno confíe aún más en la medicina, o desconcertarnosy, en un primer momento, hacernos dudar entre si estamos leyendo un artículo publicado en pubmed o en la sección de salud de una revista de cotilleo.

Uno de los campos donde podemos encontrar artículos más sorprendentes es el de la oncología, donde la investigación dedicada a ello no para de dar frutos y, no sólo en Pubmed, sino incluso en los telediarios, no hay semana donde no se dedique al menos una noticia a algún nuevo hito conseguido por parte de estos investigadores. Cada vez conocemos mejor la biología molecular de muchos cánceres, lo que lleva a establecer cuáles pueden ser sus causas principales y modificar entonces los estilos de vida (por ejemplo, se sabe que el 30% de los tumores son inducidos por tabaco), y también permite establecer nuevas terapias, sobre todo en el caso de tumores resistentes a la quimioterapia más tradicional, incorporando a la práctica clínica el uso de anticuerpos monoclonales y pequeñas moléculas.

Un campo que puede relacionarse con la oncología y muchas otras disciplinas que tampoco para de sorprendernos es la modificación genética: se ha llevado a cabo para poder usar virus como agentes oncolíticos, para la implementación de la terapia génica, que muchos vaticinan como el gran paradigma de la medicina del futuro, o para cosas tan sorprendentes como intentar frenar la malaria: hace poco leí que una de las herramientas que las autoridades sanitarias están poniendo en marcha para frenar la expansión de esta enfermedad es la modificación genética del mosquito Anopheles, para hacerlo resistente a Plasmodium y que acabe sustituyendo a la población de mosquitos Anopheles sensibles a este protozoo.

Ante tanta innovación y efectos especiales, uno debe saber ver qué artículos tienen el rigor científico necesario para ser creíbles y cuales no. No sé cuáles son los criterios que usa Pubmed para que un artículo pueda ser introducido en su base de datos, pero me imagino que contarán con el suficiente rigor como para merecer estar allí. Jamás me he encontrado con un artículo sospechoso, aunque también tengo que reconocer que no paso mis horas buscándolo. Aun así, uno puede encontrarse con artículos de dudosa fiabilidad científica de una manera bastante fácil en internet: son varias las webs donde, no sé si con buena o mala intención, se publican artículos (con una metodología muchas veces reprochable) que pretenden solucionar problemas de salud por una vía completamente diferente a la ya establecida, aunque esta sea eficaz. Por suerte, también hay páginas web donde se dedican a recoger estos artículos con el objetivo de informar sobre su dudosa veracidad, exponiéndonos, siempre que pueden, porqué no deberíamos fiarnos de ellos.

Lo peor de todo esto es que llega un punto en que uno duda de cualquier cosa publicada fuera de Pubmed u otros sitios calificados como fiables: después de leer tantas veces que se descubre la cura para el cáncer (así, en general, como si todos los cánceres fueran lo mismo, cuando la investigación precisamente nos ha demostrado que es todo lo contrario), cada vez que leo algún titular milagroso, lo primero que hago es dudar. Por ejemplo, hace aproximadamente un mes, salió a la luz que se había conseguido curar un caso de leucemia usando la vacuna del sarampión. Lo primero que hice fue dudar. Además, las noticias publicadas al respecto lo relataban como la cura definitiva a esta enfermedad, pero cuando uno leía un poquito más, veía que se trataba de un caso tratado en la clínica Mayo al que le habían aplicado la vacuna (a dosis elevadísimas) y había funcionado. Hoy en día, aún no tengo ni idea sobre qué parte de la noticia es cierta y cuál no, y si uno busca artículos relacionados con la leucemia y el sarampión, en el mismo Pubmed, hay más de 200 entradas, pero aún no he conseguido dar con ninguna relacionada con este hito (no he podido revisarlas todas, claro está).

Antes de terminar, también quería hablaros de otro “artículo” que comparte una de estas páginas que combaten la pseudociencia: no se trata de un artículo en sí, sino de un tweet de una doctora defensora de la hipótesis que relaciona vacunas y autismo (un tema que también da mucho de qué hablar, ciertamente). En el tweet, la doctora se congratula porque dirigirá un estudio con 3000 personas en un pueblo de Tanzania para probar la homeopatía como terapia efectiva contra la malaria. El problema radica en que la OMS, que no se muestra del todo en contra ni a favor de la homeopatía, sí que manifiesta que esta práctica, en determinadas enfermedades, no es efectiva, y una de estas enfermedades es, precisamente, la malaria. El problema, entonces, es el siguiente: ¿qué comité podrá aprobar un estudio que va en contra de una premisa de la OMS? En la web suponen que ninguno, por lo tanto, este estudio, desde un principio, estará desacreditado, lo que puede acabar teniendo consecuencias más negativas que positivas para la homeoterapia como alternativa de tratamiento.

Así que, cuando leáis un artículo, intentad ser críticos y descubrir si la fuente es o no fiable, aunque también es importante aparcar los prejuicios e intentar dar una oportunidad a la nueva información, siempre en la justa medida. Pensad, además, en el sesgo que puede haber debido a la no publicación de artículos: sí un fármaco sirve para 3 enfermedades y no sirve para 500, encontraréis muchos más artículos referentes a su uso en las 3 primeras enfermedades que a las demás. Supongo que ahora, en verano, pocos os dedicaréis a leer artículos, pero tenedlo presente para el curso que viene. ¡Pasad unas buenas vacaciones!

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