Publicar un manuscrito: objetivo, “aprobar” la revisión por pares

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Un tema que suscite el suficiente interés científico, una buena redacción, claridad de contenidos, concisión, trabajo “de fondo” evidente (metodología, bibliografía, etc.)… Estas son las ideas básicas que acuden a la mente de todo profesional que se decide a enviar un artículo o manuscrito a una revista científica con el objetivo de publicarlo y darlo a conocer a sus colegas.

Pero, ¿cómo “aprobar”, es decir, conseguir que la publicación en cuestión lo incorpore a sus contenidos? ¿cuáles son esos aspectos indispensables que deben aportar los textos “aspirantes”? ¿por qué a veces una investigación interesante -e incluso rompedora- no resulta atractiva sobre el papel para los editores?

La realidad es que publicar en una revista científica no es un proceso fácil en absoluto -como dato ilustrativo, en Elsevier, entre el 30 y el 50% de los artículos ni siquiera llegan al proceso de revisión por pares- y tampoco es siempre posible controlar todas y cada una de las variables implicadas en el proceso, pero hoy en día la publicación científica se considera prácticamente una condición sine qua non para los profesionales de las ciencias de la salud, y no solo para ser “tenidos en cuenta” en el ámbito en el que desarrollan su actividad. Tal y como señala Phil Lange, ex editor del Journal of Gambling Issues en su artículo “How to write a scientific paper for peer-reviewed journals”, publicado en la página oficial de la Asociación Europea de Editores de Ciencia (EASE),   “una carrera científica se basa en gran medida en la calidad (percibida) de las publicaciones que un investigador o grupo de investigadores ofrece a sus colegas. Si estas publicaciones son numerosas y de alta calidad, conducen a la financiación y al empleo. Para medir la contribución de un investigador a la ciencia, sus colegas suelen basarse (de forma más o menos consciente) en el cálculo del número de publicaciones que ha hecho en relación con los años que lleva investigando”.

El visto bueno editorial: la primera "criba" a superar

La primera de las “máximas” que debe tener en cuenta todo aquel que se adentre en el mundo de la publicación científica es la importancia de consultar las normas, pautas o guías prácticas que rigen cada publicación y que pueden variar de una revista a otra. En la mayoría de los casos estas normas se recogen de forma explícita en la página web de las publicaciones. Ajustarse a lo establecido en estos “manuales de estilo” es el primer paso –y uno de los más seguros- para encauzar el manuscrito por el camino de la publicación.

Una vez conocido qué espera la revista en cuestión de sus autores, Lluís Codina, profesor de Comunicación Social en la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, resume en su artículo “Peer review, revistas científicas y ciencia evaluada: introducción para jóvenes investigadores qué viene después: “Todo el proceso comienza cuando un autor (o el llamado autor de correspondencia, en el caso de la autoría múltiple) decide enviar un artículo a una revista académica. Un editor (o grupo de editores) de la revista examina el manuscrito y adopta una decisión en relación con si es aceptado (para su posterior evaluación) o, por el contrario, es rechazado (decisión que, en términos generales, no admite ninguna clase de revisión posterior). Si el manuscrito es aceptado, pasa a una segunda fase: la revisión por pares”.

Para Codina, la decisión editorial de aceptar o no un trabajo se basa fundamentalmente en dos tipos de criterios: la calidad general (los editores esperan sobre todo trabajos originales, llevados a cabo con garantías metodológicas, bien escritos, con buena presentación formal…) y la adecuación del tema a la línea editorial de la revista, un criterio que varía de una publicación a otra. “Teniendo en cuenta esto, no es razonable enviar un manuscrito a una determinada publicación sin revisar al menos tres apartados: sus políticas editoriales generales, las preferencias para los próximos números y las páginas destinadas a informar a los autores de las normas y detalles que su artículo debe cumplir para poder enviarlo con perspectivas de éxito razonable”, dice Codina.

Por su parte, Peter Throwe, editor jefe de Carbon (la revista de la American Carbon Society) arroja más luz sobre los criterios que se siguen en este primer “filtro” en su artículo “Ocho razones por las que rechacé tu artículo”  al enumerar las principales razones por las que muchos manuscritos no llegan al proceso de la revisión por pares:

  • Fallos en el cribado técnico: el manuscrito carece de elementos clave, hay contenidos sospechosos de estar plagiados, las figuras/referencias están incompletas…
  • No encaja dentro de los objetivos y/o el ámbito científico de la publicación.
  • Está incompleto: contiene meras observaciones, compara los hallazgos con algunos de los trabajos de su campo, pero ignora otros importantes…
  • Los procedimientos y/o análisis de datos se consideran defectuosos: carencias metodológicas, de grupos de control o respecto a los análisis estadísticos, entre otros.
  • Las conclusiones no pueden justificarse sobre la base del resto del artículo: argumentos desestructurados, ilógicos y no válidos, por ejemplo.
  • Se trata de una ampliación/versión de otro artículo, generalmente de los mismos autores: el trabajo es claramente parte de un estudio más grande, fraccionado para publicar a partir de él tantos artículos como sea posible.
  • No es lo suficientemente comprensible: por su lenguaje, estructura o figuras/ilustraciones que incorpora.
  • Resulta aburrido: la pregunta a la que responde la investigación no es lo suficientemente interesante/relevante en su campo; el interés del artículo es marginal y no resulta atractivo para la “audiencia” específica de los lectores de la revista.

La revisión por pares: pasaporte a la "categoría científica"

Tal y como se recoge en las “Recomendaciones para la preparación, presentación, edición y publicación de trabajos académicos en revistas médicas” del CIERM (International Comitte of Medical Journal Editors), la revisión por pares –o peer review- es la evaluación crítica de los manuscritos por personas expertas que normalmente no forman parte de la redacción de la revista que solicita la revisión. Se trata del procedimiento, universalmente aceptado, que avala la categoría de “científico” que recibe el documento publicado, ya que proporciona una evaluación justa del manuscrito entre miembros de la comunidad científica.

El proceso “estándar” de la revisión por pares es el siguiente:

  • Estos seleccionan y proponen la evaluación del manuscrito a, al menos, dos expertos en el tema (los “pares” del autor).
  • Los evaluadores deben evaluar y emitir el dictamen dentro de unos plazos establecidos.
  • El dictamen puede ser de tres tipos: el manuscrito se acepta sin necesidad de introducir cambios (una situación poco frecuente en la práctica); el manuscrito es aceptado, pero se requieren una serie de cambios (el autor puede optar por introducirlos, argumentarlos o rechazar su publicación); o el manuscrito es rechazado (sin posibilidad de apelación).

Los aspectos clave en los que de forma general se fijan los pares al evaluar los manuscritos son los siguientes:

  • Originalidad temática
  • Rigor científico
  • Adecuación a la temática de la revista
  • Claridad y concisión en la exposición
  • Estructura y equilibrio del contenido (es recomendable que se ajuste al formato IMRyD: Introducción-Método-Resultado-Discusión).
  • Corrección gramatical
  • Referencias a trabajos/investigaciones relacionadas

Pistas (más o menos infalibles) para conseguir el “apto”

En cuanto a los motivos por los que los revisores por pares rechazan un artículo, suelen coincidir con los que se alegan en la evaluación editorial (fallos en los detalles formales, inadecuación con la temática, el artículo está incompleto y/o es incomprensible, la temática es aburrida…).

Muchos de estos “noes” o restricciones pueden resultar demasiado genéricos, sobre todo para un autor novel. Para clarificar un poco las pautas a seguir, resulta útil tener en cuenta lo que varios de los editores de Elsevier respondieron a la pregunta: “¿cuáles son las ocho razones principales por las que acepta un artículo científico?” y que se recogen en un artículo que, en cierta medida, sirve de “réplica” al de Peter Throwe. Estas son algunas de las aportaciones:

  • El artículo proporciona información sobre un tema importante.
  • Utiliza la idea de partida para desarrollar un marco o teoría (nueva o aportaciones a una ya existente).
  • Su planteamiento resulta útil para la toma de decisiones.
  • El enfoque anima a plantearse nuevas (e importantes) preguntas.
  • Los métodos empleados (recopilación, análisis de datos) para desarrollar la cuestión que da origen al estudio son muy apropiados.
  • Estos métodos se aplican rigurosamente y explican por qué y de qué forma los datos respaldan las conclusiones .
  • El artículo está relacionado con otros trabajos previos llevados a cabo en ese campo científico o en otros campos, que sirven para hacer los contenidos más comprensibles.
  • Y, finalmente, se trata de una “buena historia, en el sentido de que está bien escrito y resulta fácil de entender; basado en argumentos lógicos y sin contradicciones internas.

“Lo ideal sería recibir artículos que se ajusten a estos ocho puntos, en los que el autor se haya esforzado en conseguir un buen equilibrio entre estos criterios”, comenta el Dr. Torsten Pieper, editor del Journal of Family Bussiness Strategy y uno de los expertos que aportó su opinión al respecto.

Finalmente, antes de enviar el manuscrito es muy importante comprobar que cumple las instrucciones para los autores de la revista en cuestión y cerciorarse de que está bien escrito, sin errores, se adapta al estilo de la revista y es completo en todos los aspectos, ya que, tal como dicen Ángela Pallarés y Genís Carrasco en Publica o perece, “un original mal preparado es, casi sin excepción, un vehículo portador de contenido de mala calidad desde el punto de vista científico”.

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