¿Seguimos siendo guardianes de nuestros pacientes? La contribución de James Drane a la ética clínica

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La práctica de la ética clínica está en una situación comprometida. Las discusiones sobre principios, valores y virtudes no parecen amoldarse al ritmo diario de la clínica. Las presiones temporales y las urgencias asistenciales no dejan margen para la reflexión pausada. Entre las primeras preocupaciones cotidianas de los clínicos se sitúan con frecuencia aspectos que quizás deberían ser secundarios, como reducir la estancia media o responder a los crecientes requerimientos de documentación informática, entre otros.

Es frecuente oír, con cierta acritud y nostalgia, que los médicos actuales pasan más tiempo delante del ordenador que del paciente. Ante la vorágine de la clínica diaria ¿queda todavía lugar para una “ética de la virtud” para el profesional sanitario? Trasladar las teorías éticas a la práctica clínica es un reto permanente tanto para los educadores como para los clínicos, en gran parte porque si se transmiten estas teorías al contexto clínico puede mejorar la calidad de la atención a los pacientes. Sin olvidar que reporta beneficios a los profesionales sanitarios, tanto por la satisfacción por un ejercicio profesional bien hecho como porque una práctica más ética ayuda a sobrellevar mejor el conocido desgaste profesional. El primer artículo de la serie sobre los bioeticistas más influyentes en España (publicado por la revista de referencia en calidad asistencial, Journal of Healthcare Quality Research) se centra en la figura de James Francis Drane (1930-), por su papel crucial en el nacimiento de la bioética como disciplina independiente en Estados Unidos y por su conexión personal e intelectual con la bioética española e iberoamericana. Tras un breve repaso bibliográfico se analizan, guiados por el caso clínico, sus aportaciones más relevantes a la bioética: su propuesta de valoración de la competencia y su aplicación de la ética de la virtud a la relación clínica.

“Los médicos se ven obligados a limitar los minutos dedicados a cada paciente por razones económicas, y a restringir su comunicación con ellos. La entrevista clínica se centra cada vez más en la pantalla del ordenador y en los datos digitalizados [...]. La práctica médica se está reduciendo al análisis de los datos objetivos de las pruebas analíticas. ¿Por qué esto?” James Drane (2014)

El retrato: James Francis Drane

James Drane ha sido uno de los protagonistas de los inicios de la bioética, entre los años 60 y 70 del siglo XX. Como señaló Pellegrino en 2010: "Es uno de los patriarcas de la bioética norteamericana, y su embajador indiscutible en Latinoamérica". Dos facetas han marcado su trayectoria vital: el compromiso religioso y su deseo por superar las barreras que dificultaban la apertura de la religiosidad cristiana al mundo moderno.

Guardián de mi paciente

James Drane ha sido fundamental para el desarrollo de la bioética en España y en Iberoamérica. Su escala de valoración de la competencia recuerda la necesidad de considerar esta en función de cada decisión concreta, teniendo en cuenta tanto la situación mental del paciente como la trascendencia de la decisión. Drane recuerda que debemos ser “guardianes de nuestros pacientes”, velar por lo que quieren y por lo que es lo mejor para ellos. En el campo de la ética clínica del siglo XXI, dominado por reglas, algoritmos y guías para tomar decisiones, parece anticuado hablar de virtudes. Sin embargo, muchas de estas guías serían prescindibles si contáramos con buenos médicos; médicos virtuosos que no olvidan su objetivo principal: atender a la persona enferma en toda su dimensión.

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