Hepatitis C: más del 70% de los afectados desarrollan infección crónica- cirrosis o carcinoma

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Cada 1 de octubre recordamos que, día a día, en los servicios de salud, nos enfrentamos a una enfermedad silenciosa, desde 1989, tanto mortal como prevenible. Se trata de la Hepatitis C, una afección hepática provocada por el virus de la Hepatitis C, perteneciente a la familia de los Flavivirus. Dicha enfermedad prevalece en la población actualmente y es un problema de salud global, objetivo de la OMS.

¿Sabías qué del 70-90% de las personas infectadas con el virus de la Hepatitis C desarrollan infección crónica, cirrosis o carcinoma?

La Hepatitis C, afecta al hígado en su totalidad causando hepatitis aguda o crónica, fibrosis, cirrosis y cáncer hepático (carcinoma hepatocelular), este virus es capaz de incubarse en un período de 14 a 180 días.

El VHC se transmite por contacto con sangre contaminada con el virus; tanto como en transfusiones sanguíneas sin control sanitario,  en uso repetido de la misma aguja al momento de realizar perforaciones, tatuajes o inyecciones de cualquier tipo, relaciones sexuales de riesgo, es decir, sin protección de tipo barrera y vía materno fetal; es importante mencionar que la Hepatitis C no se transmite por leche materna, ni por contacto ocasional como abrazos, besos, por compartir utensilios como platos o vasos, sudor o tos. Usuarios de drogas por vía parenteral son propensos a sufrir Hepatitis C al igual que los hemofílicos.

El VHC se encuentra actualmente en todo el mundo, pero su localización más común es en Europa Central en países como España e Italia y así mismo el Medio Oriente.

De los pacientes que presentan cuadros agudos de la enfermedad, únicamente el 15% resuelven su escenario, mientras que entre el 70% y 90% pueden desarrollar un cuadro crónico. En conclusión, a nivel mundial 20% de los pacientes con VHC crónico pueden presentar cirrosis, el 6%  insuficiencia hepática y 5% carcinoma hepatocelular, 6% de recién nacidos con madre infectada con el VHC pueden contraer el virus; presentando en total tasas de mortalidad de un  4%.

Pero ¿por qué el virus de la hepatitis C es tan peligroso y se disemina con frecuencia entre la población?

La incidencia de la enfermedad incrementa puesto que la mayoría de infecciones agudas y el 40% de las crónicas son asintomáticas, resultando muy complicado el establecimiento de un diagnóstico. Por otro lado, en ciertos casos se puede presenciar manifestaciones clínicas tales como fiebre, fatiga, vómito, dolor abdominal, falta de apetito, heces claras y orina oscura, ictericia como los más comunes.

Los síntomas de la Hepatitis C suelen ser más leves que en los otros tipos de Hepatitis y del mismo modo su reacción inflamatoria es menor; el síntoma característico del VHC es la fatiga crónica.

Diagnóstico y tratamiento, ¿cuáles son los avances de la ciencia en la actualidad?

A pesar de que no exista una vacuna contra la Hepatitis C, se ha logrado implementar nuevas tecnologías de tratamiento, con el fin de hacer posible la erradicación del VHC  El diagnóstico principalmente consiste en la realización de una prueba serológica de anticuerpos anti VHC; si se trata de  un resultado positivo se deberá acudir a una prueba de detección de RNA del virus.

Adicionalmente, los exámenes complementarios son de gran utilidad; para diagnosticar una hepatitis crónica se realiza una biopsia o diferentes pruebas con el fin de ver el daño ocasionado en el hígado.

Es importante recordar, que hace algunos años el acceso a pruebas era limitado, ahora esto ha cambiado, en la actualidad el acceso a fármacos es más rápido, menos costoso al igual que efectivo y mejor tolerados por los pacientes.

En abril de 2016 la OMS actualizó sus Directrices para la detección, atención y tratamiento de las personas con hepatitis C crónica. Estas estrategias están dirigidas a instancias normativas, y entidades de salud pública que desarrollen programas de detección del VHC y de atención y tratamiento de las personas infectadas en países de ingresos bajos y medianos. Estos lineamientos ofrecen claves para la ampliación del tratamiento para pacientes con VHC a futuro.

Aunque limitado, el acceso al tratamiento del VHC está mejorando. En 2015 solo el 20% del total de casos de Hepatitis C tenían diagnóstico, y de este, se inició el tratamiento en el 7%. El número acumulado a lo largo de los años de casos mundiales tratados alcanzó los 5,4 millones en 2015.

En caso de lograr un diagnóstico adecuado, se recomienda evaluar la posibilidad de administrar tratamiento antivírico en todos los adultos y niños con infección crónica por el VHC, ya que estos pueden curar más del 95% de los casos de infección por el virus de la hepatitis C, lo que reduce el riesgo de muerte por cáncer de hígado y cirrosis. El sofosbuvir, el daclatasvir y la combinación de sofosbuvir/ledipasvir forman parte de los tratamientos preferidos en las directrices de la OMS, y que han mostrado notables mejoras comparados con los tratamientos anteriores.

Actualmente se ha implementado, gracias a la Asamblea Mundial de la Salud, una estrategia para el sector de salud que consiste en eliminar las hepatitis víricas reduciendo los casos actuales y la mortalidad hasta el año 2030.

¿Quiénes son las personas más propensas a contraer VHC?

Usuarios que recurren a inyectarse drogas son propensos a estar infectadas con el VHC, al igual que usuarios que pacientes con ciertas afecciones médicas previas como VIH/SIDA, ya que esta condición puede disminuir la inmunidad de la persona y dejándola más susceptible a contraer la enfermedad al igual que aquellos con una enfermedad hepática o cuyas madres han tenido el VHC.

¿Cómo prevenir la Hepatitis C?

En la actualidad no se ha desarrollado aún una vacuna efectiva contra el VHC, sin embargo, la prevención de la enfermedad, se enfoca en la reducción de riesgo a la exposición al virus, tanto en consumidores de drogas, en contactos sexuales y en general en toda la población en riesgo.

La OMS recomienda la prevención primaria en:

  • Evitar el uso compartido de agujas, cuchillas de afeitas e instrumentos corto punzantes
  • Higiene de las manos adecuado
  • Uso de guantes en el caso de haber contacto con sangre
  • Uso seguro y apropiado de las inyecciones a nivel hospitalario
  • Educación y capacitación en uso de preservativos, manejo adecuado material de transfusiones.
  • Apoyo sanitario a poblaciones de adictos a drogas inyectables.

La prevención secundaria y terciaria se basa principalmente en brindar una adecuada información sobre la enfermedad, el tratamiento médico efectivo y accesible, y en caso de ser requerido, un seguimiento periódico de dicha enfermedad.

Autora: María Emilia Chávez Ulloa. Miembro de AEMPPI Ecuador