“Ni en verano dejamos de ser estudiantes de medicina”

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¡Se acerca el verano! Sí, sí, ese período en el que –momentáneamente- os podéis olvidar de trabajos, parciales, exámenes finales… Ese momento en el que pones el pie fuera de la biblioteca y sabes que es por última vez, al menos por algún tiempo. Luego acabas tu último examen y recuerdas que en el cielo brilla una estrella cuya función resulta que no era únicamente hacerte sentir un profundo odio hacia la humanidad al-otro-lado-de-la-ventana, sino que tú también puedes formar parte de ellos ahora.

¡Hurra!

Y es que, amigos, por mucho que lo intentemos, ni en vacaciones dejamos de ser estudiantes de medicina.

Estaréis en la playa y a vuestro lado, una simpática pareja de británicos –ella pelirrojita con pecas, él rubio pollo, con un fototipo -1-, tumbados a las 12:38 del mediodía al sol, sin rastro alguno de crema solar. Y vosotros, debajo de vuestra sombrilla, con las gafas de sol puestas, extenderéis maliciosamente crema por vuestros brazos pensando en la quemadura de decimotercer grado que esos dos se van a llevar puesta.

Y qué decir de las comilonas. Miraréis fijamente a la mayonesa, desafiantes: “Esta vez no, S. Enteridits… está vez no”.

No hay que olvidar que ahora, como estudiantes de medicina, os habéis convertido en auténticas autoridades sanitarias. Nunca faltará vuestro tío en la barbacoa familiar, chorizocriollo en mano, que os pregunte mientras un hilito de grasa le resbala por la barba, que si eso de la “oemeese” de las carnes y el cáncer no es más que otra patraña, que si la industria ya no sabe que inventarse, etc.

Otra de mis favoritas siempre fue la de “¿y has abierto ya a algún muerto?”, pregunta que te lanzan tus amigos nada más acabar primero, normalmente mientras comes, y que puede acompañarse de espasmo esofágico y un poco de exoftalmo. Un clásico, sin duda.

En verano, también, muchas facultades dan la opción de realizar prácticas. Y esto es algo que quien no es de medicina no termina de tener claro. “A ver, acabas de terminar el curso, llorabas cada día antes del examen, y ¿¡ahora te quieres meter en el hospital a 43ºC!? Mira tío, a mí no me hables más”. Toda una incomprensión, que un estudiante esté deseando hacer esas prácticas, pero ¡lo lleva todo el año esperando!

Tus padres ya se empiezan a preocupar y todo. Dicen que ellos antes tenían un hijo y que se lo cambiaron por un estudiante de medicina. Van con el ticket en la mano buscando a ver dónde se puede descambiar.

Pero no son todo malas noticias. Durante el verano hay cantidad de cosas que un estudiante de medicina puede hacer para ocupar tantas horas muertas, como, por ejemplo: terminar de leer el Farreras, repasar las anemias aplásicas, ver en YouTube una ileostomía con anastomosis término-terminal, entender el riñón, repasar el silenciamiento génico del síndrome de DiGeorge, y un sinfín de etcéteras. ¡Diversión pura!

Así que ya sabéis, tengáis asignaturas para el verano o solamente seáis víctimas de vuestra querida carrera, el verano es una bellísima época y os invito a disfrutarlo al máximo. ¡Mucho ánimo con el impulso final!

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