“Do not resuscitate”, ¿Y tú qué harías?

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Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que este mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento…

Cada día más la relación médico-paciente va cambiando, y se busca que el propio paciente tenga más participación en su tratamiento. El antiguo modelo paternalista debe dejarse de lado, en el que los médicos tienen absoluta decisión sobre la condición del paciente sin tomarlo en cuenta.

Este acuerdo entre ambas partes se celebra con el consentimiento informado, que se basa en el principio ético de la autonomía del paciente, así como su derecho de decidir si autoriza o no, los procedimientos médicos que se requieren para tratar la enfermedad que le aqueja.

Hace unas semanas corrió la noticia de un hombre que llegó inconsciente a un hospital de Florida, ¿Qué fue diferente? El hombre desconocido de 70 años llevaba un nivel elevado de alcohol en sangre, pero lo que desconcertó a los médicos fue que llevaba en el pecho un tatuaje con la leyenda “DO NOT RESUSCITATE”.

Este caso fue publicado en el New England Journal of Medicine y creó polémica debido a que no se tiene la certeza de si un tatuaje puede ser considerado como un documento legal, pues se ignora si se habrá realizado en un arrebato de euforia, en estado de ebriedad, depresión o con plena conciencia.

En tal condición, se pidió ayuda al comité de ética del hospital para saber cómo proceder.

Lo que ocurrió fue que los médicos decidieron ignorar el mensaje del tatuaje, el cual tenía subrayado la palabra “NO” resucitar, y abajo del referido tatuaje se encontraba la firma del propio paciente.

Lo anterior se decidió con la premisa de tomar el camino que pudiera tener retorno. Sin embargo, el artículo continúa diciendo que las complicaciones en el paciente fueron demasiadas y se optó por cumplir el deseo expreso del paciente. Dejarlo morir.

Esto da lugar a muchos debates. ¿Y tú, qué harías?